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E.P. El desafío de la nueva movilidad urbana


Contexto

La crisis de 2008 fue financiera. La crisis de 2020, en su complejidad, puede ser comprendida, en gran medida, como una crisis de movilidad. En una primera fase crítica, nos hemos visto sin  poder  salir de casa, sin ver a nuestros familiares, ni tener relaciones sociales; sin poder movernos para trabajar, sin poder estudiar en otros países. Las cadenas largas de suministros se han interrumpido en buena medida, poniendo  en riesgo la provisión de ciertos bienes e impidiendo la continuidad de actividades. Todo ello nos ha colocado ante el inminente colapso de nuestra economía.

Durante la primera fase de la pandemia, a nuestro sistema de salud público, con el apoyo de iniciativas privadas y sociales, le correspondió asumir todo el protagonismo y responsabilidad para responder al desbordamiento de atención sanitaria, hospitalizaciones, cuidados intensivos.  Entramos ahora en una nueva fase de recuperación de la actividad productiva y retorno a nuestras relaciones sociales, determinada por una brutal recesión económica, de ahí que nuestro sistema de movilidad, a través del que se va a operar nuestro regreso a la realidad tangible sea absolutamente clave, y venga a recaer sobre el servicio de transporte público, columna vertebral de dicho sistema, una enorme responsabilidad que va a necesitar del apoyo y aliento de todos, tal como venimos haciendo desde el primer momento con nuestro sistema público de salud. Ambos son pilares de nuestra comunidad y de nuestra cohesión social, de los que sentirnos orgullosos y por los que preocuparnos.

El problema al que nos enfrentamos es la sustitución masiva - aunque desigual - del transporte público por el coche. Es necesario reconocer el desafío al que nos enfrentamos con la reactivación de las actividades en las ciudades.

En primer lugar y de manera más evidente, si quien antes usaba el transporte público prefiere sustituirlo por el vehículo privado, el aire limpio que empezábamos a disfrutar en muchas ciudades antes contaminadas desaparecerá muy pronto, afectando a la salud y a la esperanza de vida de los ciudadanos.

En segundo lugar, este aumento del coste de viajar en transporte público puede agravar las consecuencias de la crisis económica a la que ya nos enfrentamos. Sin transporte público muchos pierden la capacidad de acceder a su puesto de trabajo. Este vínculo entre transporte público y acceso al empleo puede tener consecuencias nefastas para la reactivación económica y la desigualdad. Aquellas personas en ocupaciones manuales o que requieren presencia física, generalmente, tienen ingresos más bajos, no pueden trabajar en remoto, viven más lejos de sus centros de trabajo, no pueden costearse un transporte privado, y además son los que más necesitan los ingresos del trabajo por ausencia de ahorros. Son los que más dependen del transporte público, y los que estarán más dispuestos, o forzados, a asumir los riesgos para su salud de meterse en un vagón mal ventilado.  

En tercer lugar, la caída generalizada en el uso transporte público está impactando ya en los ingresos de las empresas públicas de transporte, agravando aún más la crisis fiscal que vendrá con la resaca de la crisis sanitaria. Si a esto le añadimos el incremento de costes que tendrá redoblar las labores de limpieza y desinfección de los vehículos, cuadrar las cuentas del transporte público va a ser una tarea casi imposible. Las ciudades deberán reducir los servicios (comprometiendo la movilidad de los más vulnerables económicamente y agravando aún más la desigualdad) o financiar el déficit subiendo tarifas, impuestos o vía endeudamiento (todas ellas desaconsejables en una recesión económica).

Instituciones involucradas

Posibles acciones concretas para dar respuesta al reto

Información adicional

El sistema sanitario fue el elemento central de respuesta al golpe sanitario del virus. Ahora, el sistema de movilidad urbana es sostén clave de nuestra respuesta a la crisis económica. Que lo soporte depende de algunas medidas como las mencionadas, para las que se requiere la colaboración entre organizaciones del ámbito privado, público y social. Los incentivos de muchos actores están más alineados que nunca, porque esto ya no es una cuestión sólo medioambiental, o sólo social, o sólo económica y de activación del empleo.

Tras el merecido aplauso a nuestros sanitarios, toca aplaudir a nuestros trabajadores de la movilidad, porque mantener a flote nuestro transporte público es una exigencia vital. Nuestra salud - ambiental, física, económica y social – depende de ello.

Referencias bibliográficas

https://www.eldiario.es/tribunaabierta/desafio-nueva-movilidad-urbana_6_1026507359.html

https://elpais.com/sociedad/2020-05-03/moverse-por-la-ciudad-tras-el-virus-mas-bicis-y-temor-a-un-repunte-del-coche.html

http://vps181.cesvima.upm.es/re-hab/2020/04/28/movilidad-y-desescalada-en-las-areas-urbanas-quien-se-expone-a-mas-riesgo/

https://elpais.com/espana/catalunya/2020-04-25/tmb-deja-de-ingresar-30-millones-por-la-caida-de-pasajeros-durante-la-crisis-del-coronavirus.html

https://elpais.com/opinion/2020-05-11/otras-ciudades.html

https://elpais.com/espana/catalunya/2020-05-04/el-uso-del-coche-privado-crece-mas-que-el-del-metro-en-barcelona.html

https://mobilityinstitute.com/wp-content/uploads/2020/04/Estrategias-para-el-transporte-publico-frente-a-la-pandemia-del-SARS-CoV-2_mib_V1.02.pdf